Hay una frase que uso casi sin pensar, porque me ha acompañado por años:
“Yo me desconecto.”

Y es real.
Así funciona mi mente: como si mi cabeza y mis emociones estuvieran en lugares distintos, sin cableado entre ellas. Si mi mente no reconoce lo que siento, simplemente no lo siento. Es un apagón automático. Un silencio. Una forma de seguir adelante sin colapsar.

Lo entrené sin darme cuenta.
Y como todo lo que se entrena, cada vez se volvió más fácil.
Si algo me dolía demasiado, aprendí a desconectarme para no sentir nada.
Me volví fría. Me volví seca. Me volví distante.
Y aunque ahora lo veo diferente, en su momento eso me salvó.
No porque yo fuera así, sino porque era lo único que sabía hacer para no romperme.

Mi mente creó una armadura:

— apagarme cuando dolía
— desconectar para sobrevivir
— no sentir para no perder
— no necesitar para no depender
— mostrar fortaleza para no ser carga

Una armadura imperfecta, sí.
Pero me permitió sobrevivir cuando no tenía más herramientas.
Y por eso no me culpo.

Hoy, sin embargo, entiendo algo que antes no podía ver:
esa misma protección que un día me salvó, ahora me limita.

Para sanar necesito lo contrario:

permitirme sentir
permitirme necesitar
permitirme recibir
permitirme ser cuidada
permitirme ser vista

La conexión emocional es un músculo.
Y aunque el mío lleva años dormido, despertó por un instante.
Ese instante me mostró que aún está ahí, esperando ser reentrenado, fortalecido, reclamado por mí.

Sin quererlo, volví a conectar.
No fue fácil.
Sentí cortocircuitos dentro de mí: sobrecarga de energía, miedo, vértigo.
Fue intenso.
Y luego duró poco.

Ahora me siento nuevamente desconectada.
Y me pregunto… ¿Qué pasa si me gusta este estado?
Si la desconexión me da seguridad, control, protección…
Si me hace sentir que puedo sobrevivir sin riesgos, sin abrirme, sin doler demasiado…

Porque conectarse duele.
Y desconectarse… al menos, me hace sentir estable.

Sé que sanar no es elegir entre apagarme o exponerme, sino aprender a moverme entre ambos estados: sentir, cuidarme, y al mismo tiempo protegerme con conciencia, no por reflejo.

He identificado dos heridas muy claras, y sé que tengo que trabajarlas.
Pero por ahora… quiero estar en este estado un tiempo.
Necesito avanzar, recuperar fuerzas, prepararme para una situación difícil que se acerca.
Necesito estar desconectada.

No para evadir lo que siento,
sino para respetar mi ritmo, mis tiempos, mi forma de sostenerme.


Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo