En mi casa, mi abuelita siempre cocinaba algo especial para las fechas importantes. Sus platos, como el cocido boyacense, el tamal cundiboyacense, las empanadas, el ajiaco, el sancocho y un delicioso salpicón de frutas, eran mucho más que comida; eran un lazo que unía a toda la familia alrededor de la mesa, llenando cada encuentro de amor y conexión.

Extraño mucho a mi abuelita. Y digo abuelita porque no le gustaba que le dijéramos abuela. Cada vez que alguien lo hacía, respondía inmediatamente:“¿A qué le huelo?”

Nació en 1929 y falleció hace algunos años. Y la extraño muchísimo.

Toda la familia se reunía alrededor de sus platos. Somos una familia muy grande, así que cuando ella cocinaba era mínimo para treinta personas. La recuerdo preparando tamales durante horas. Por lo que he visto en redes sociales, ese el plato con ese nombre cambia según el país, pero en mi ciudad un tamal es arroz con arvejas y carne de cerdo, res y pollo, envuelto en una hoja de plátano y cocinado de esa manera.

¿Cómo preparar un tamal cundiboyacense?

También hacía el plato favorito de muchos: el cocido boyacense, una mezcla de tubérculos —algunos incluso raros para mí— con diferentes carnes. Era uno de esos platos que reunían a todos alrededor de la mesa.

¿Cómo se prepara un cocido boyacense?

Pero voy a confesar algo: casi nunca me comía las preparaciones de mi abuelita. Desde pequeña no me gusta la cebolla, y ella cocinaba con mucha cebolla, trozos de cebolla. Así que ya se imaginarán los líos que he tenido toda la vida para comer.

Sin embargo, el recuerdo de ella cocinando y de toda la familia reunida alrededor de la mesa es lo que realmente me llena de emoción cuando pienso en ella.

Mi abuelita decía que lo único que me gustaba de lo que preparaba era el salpicón. Para quienes no lo conocen, es una mezcla de frutas con jugos y Colombiana, la gaseosa representativa del país.

Y tengo que decirlo: como el salpicón de mi abuelita, jamás he probado otro igual.

Y nunca le pedí la receta.

¿Cómo preparar un salpicón de frutas?

Tal vez por eso, mientras pensaba en mi abuelita y en esas mesas llenas de familia, recordé Las visitas de Nani, un libro sencillo y muy visual que habla justamente de ese poder que tiene la cocina para reunir generaciones y culturas. En él, su autora, Karishma Chugani Nankani, comparte incluso algunas de las recetas de su abuela. En mi caso, tuve que recurrir a YouTube.

Si te interesa conocerlo, aquí te dejo mis reflexiones.

Y en tu familia, ¿alguien cocina un plato especial para las ocasiones especiales?

Entre reseñas y viajes también aparecen pensamientos y reflexiones: fragmentos que nacen de la vida cotidiana, de las lecturas y de preguntas que a veces no tienen respuesta. Si quieres, puedes entrar a la página y seguir explorando el blog.


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