¿Cuánto es un poco más?
Hace mil años se escribió lo que muchos consideran la novela más antigua de la historia, The Tale of Genji, conocida en japonés como Genji monogatari y en español como La historia de Genji.
Monogatari significa “historia” o “relato”, pero también es una forma de comprender la vida a través de las historias.
Tal vez por eso, mil años después, esa historia terminó haciéndome reflexionar sobre la mía: hay decisiones que parecen correctas… hasta que tienes que vivir con ellas.
Quiero compartir esta reflexión con ustedes. Tal vez no soy la única que se sienta identificada.
Digamos que nuestra heroína tiene un auténtico motivo de queja, que abandona a un marido que sin duda le tiene mucho afecto, y se fuga como si ella no supiera nada de los sentimientos de ese hombre, y todo lo que consigue al ofenderlo y poner a prueba su afecto es lamentarlo durante el resto de su vida.
La gente dice una y otra vez con admiración lo acertada que estuvo al actuar como lo hizo, hasta que ella se deja arrastrar y ahí la tenéis, convertida en monja.
— La historia de Genji (Genji monogatari), Murasaki Shikibu, capítulo “El árbol de escoba”
Cuando leí este fragmento, sentí que no estaba leyendo una historia ajena, sino una pregunta que también me pertenecía.
Dejé a la persona con la que había compartido más de la mitad de mi vida.
Lo conocí siendo menor de edad todavía.
No fue una decisión impulsiva. Había razones reales.
Como en el fragmento, la gente dice una y otra vez, con admiración, lo acertada que estuve al actuar como lo hice, la valentía de la que fui capaz.
Y, sin embargo, hay algo que todavía no logro nombrar del todo.
No soy más feliz.
Desde entonces, mi vida ha continuado.
He hecho todo lo que se supone que uno debe hacer.
Y aun así, a veces me pregunto si hice lo correcto.
No porque dude de las razones que tuve para irme, sino porque al hacerlo sentí que lo perdí casi todo.
Una historia. Un presente. Un futuro.
Y, de alguna forma, también perdí mi lugar en el mundo.
Cuando me fui, él se sintió profundamente herido.
No intentó buscarme.
Y así, casi sin darme cuenta, esa vida se terminó.
Hace mil años, en The Tale of Genji, alguien escribió que cuando surge una dificultad entre dos personas, el mejor remedio suele ser la paciencia.
Pero tuve paciencia.
Mucha.
Tanta que terminé lastimándome.
Y aun así, a veces me pregunto si habría sido suficiente.
Si hubiera podido tener un poco más.
¿Pero cuánto es un poco más?
Lo único que sé es que algunas decisiones nacen de razones necesarias, pero aun así dejan preguntas que nos acompañan.
Quizá por eso seguimos leyendo historias escritas hace mil años.
Porque, aunque el mundo cambie, hay preguntas que siguen siendo las mismas.




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