A mí me gustan los chamizos. Árboles de ramas secas que, con terquedad silenciosa, resisten incluso cuando el entorno no les es favorable.

En mi país no existen las estaciones. Los árboles no se desnudan, no pierden lo que son. Siempre están verdes, como si la vida fuera una línea continua, sin pausas visibles, sin cambios que obliguen a detenerse.

Pero un invierno en Estados Unidos me enseñó otra forma de existir.

Caminaba entre árboles sin hojas y les tomaba fotos. A todos. Troncos desnudos, ramas expuestas, siluetas que parecían frágiles contra el cielo gris. Me gustaban esas fotos. Mucho.

Hasta que alguien me preguntó:
—¿Qué gracia le ves a esos chamizos?

No supe qué responder en ese momento.

Después entendí.

Me parecen fuertes.

Porque están ahí, a pesar de todo. Sin hojas, sin flores, sin nada que los haga “bonitos” a los ojos de otros. Y aun así siguen de pie. Firmes. Dignos. Sosteniéndose desde adentro, desde sus raíces, mientras afuera todo parece adverso.

No están muertos. Están resistiendo.

Saben que no es el final.

Que cuando las condiciones cambien, el follaje volverá. Poco a poco. Sin prisa. Sin ruido.

Creo que por eso me gustaban tanto.

Porque así me sentía yo.

Marchita, pero viva.

Con raíces que no se rompen, aunque a veces duela sostenerse. Con una fuerza silenciosa para seguir adelante, incluso cuando no hay nada que mostrar. Y con la esperanza —aunque sea pequeña— de volver a reverdecer cuando llegue el momento adecuado.

Mi mamá tiene un pino.

Estoy casi segura de que se marchitó por falta de riego. Lleva años así. Seco, aparentemente perdido. Ella ha querido botarlo más de una vez.

Yo no la dejo.

Han pasado más de tres años.

Tres años en los que ese árbol ha seguido ahí. Y yo también.

Porque aunque no lo parezca, está vivo.

Y, como yo, se está recuperando.

Lentamente.

Estas son algunas de las fotos que tomé ese invierno. A mí me parecían bonitas, aunque no siempre se entienda por qué.


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4 responses to “Chamizos: cuando todo parece marchitarse”

  1. Avatar de Lincol Martín
    Lincol Martín

    El texto transmite, de forma sencilla y emotiva, que la verdadera fortaleza no siempre es visible: a veces estar “marchito” no significa estar acabado, sino resistiendo en silencio con la esperanza de volver a florecer.

    1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura
      Mi Viaje a la Lectura

      Ese es el punto: resistir en silencio.

  2. Avatar de Carolina Ares
    Carolina Ares

    Precioso. Para mí los árboles en invierno son árboles que descansan, que nos recuerdan que a veces también es importante detenerse para reponer fuerzas. Aunque los árboles permanecen verdes en invierno, los que nos dan un poco de alegría, y los de invierno son los que siempre nos tienen a la expectativa, porque sabemos que cuando llega la primavera van a florecer y van a ser increíblemente preciosos, luego en verano van a ser verdes y en otoño nos van a regalar el espectáculo de su caída.

    1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura
      Mi Viaje a la Lectura

      Qué manera tan bonita de verlo. Me encanta esa idea de los árboles como recordatorio de que también necesitamos pausas. Gracias por compartirlo, me quedo con esa imagen de la espera que florece.

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