Siempre he sentido que no encajo. Desde pequeña, parecía percibir, pensar, sentir y disfrutar las cosas de una manera distinta. No me adapto a ningún lugar, al menos no por mucho tiempo. Y menos aún a las personas. En realidad, casi nunca me siento completamente cómoda.
Sé cómo estar con los demás y manejar situaciones, pero casi nunca estoy realmente a gusto. Es como si siempre llevara conmigo esa sensación de querer irme, de estar sola, de perderme por completo y desconectarme, incluso estando presente. A menudo me quedo en silencio, con la mirada perdida en la nada, atrapada en un mundo diferente, sumergida en pensamientos que nadie más puede ver.
Un amigo solía bromear diciendo que era un espíritu maligno que se apoderaba de mí cuando me aislaba de todos. A veces, simplemente me iba sin avisar, y pasaba un tiempo antes de que alguien lo notara. Puedo volverme invisible con facilidad. Si no me necesitan, la mayoría de las personas ni siquiera notan si estoy o no.
No encajo. En ningún lugar, con nadie. Y las pocas veces que he sentido que lo hacía, casi siempre estaba equivocada. Solo me necesitaban mientras era útil, y cuando dejaba de serlo, todo terminaba. Siempre termino volviendo a mí misma, a ese espacio solitario que he construido y donde, de algún modo, siempre encuentro felicidad. Ya no me inquieta la gente que viene y se va; las disfruto mientras están y las dejo ir cuando llega el momento. Por lo general, es fácil, aunque a veces duele y cuesta un poco más.
Escribir me ofrece un refugio, un espacio donde puedo existir fuera de mi mente. Saber que, en algún rincón del mundo, alguien puede encontrar valor en lo que escribo me hace sentir que, de alguna manera, encajo. Tal como soy. Solo una parte de mí, la que más me gusta: esa que escribe, donde no importa lo que haga, a qué me dedique ni cuál sea mi nombre. Un lugar donde lo que escribo no es una necesidad para nadie, pero alguien lo lee simplemente porque le gusta.
Y tal vez, en ese pequeño rincón, en ese momento en que las palabras encuentran su lugar, me doy cuenta de que encajar no es siempre lo que necesito. A veces, simplemente ser es suficiente.




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