En la complejidad de las relaciones humanas, a menudo nos encontramos atrapados entre lo que damos y lo que recibimos, entre lo que esperamos y lo que realmente llega. Este poema aborda el proceso de aceptación, el dolor de la desilusión y la liberación que llega con el entendimiento de que no todo lo que amamos está destinado a quedarse. A través de estas palabras, busco explorar cómo, en ocasiones, aprender a soltar lo que no permanece se convierte en un acto de crecimiento personal.

Me di cuenta, con el tiempo,
que solo estabas cuando el peso
del mundo te doblaba la espalda,
cuando tus manos temblaban
y tu alma se aislaba.
Y yo, a pesar de mis heridas,
era quien te buscaba,
intentando abrazar tu alma.

Te encontraba como un susurro roto,
y te ofrecía mi luz,
esa luz que me costaba encender.
Con mis pedazos rotos,
trataba de darte lo poco que quedaba,
reuniendo fuerzas donde no existían,
tejiendo esperanza con hilos de mis propias angustias.

Yo sostenía tus días oscuros,
mientras los míos caían en silencio.
Y cuando volviste a ser luz,
me quedé sola en mi sombra,
mirando cómo esa luz intensa,
la tuya,
se alejaba sin mirar atrás.

No te culpo,
pero ahora lo entiendo:
mientras yo tejía esperanza,
tú tejías alas para volar.
Y aunque te extrañé,
hoy sé que no éramos iguales:
tú buscabas un puerto que llenara tus expectativas,
una lista de requisitos que yo nunca cumplí,
mientras yo solo quería un alma que caminara junto a mí.

Nunca preguntaste por mis cenizas,
ni notaste el vacío que dejabas.
Tal vez lo notaste, pero no te importó.
Cuando volviste a ser luz,
me quedé sola en mi sombra,
señalando las grietas, que antes ignorabas.
No encontré compasión en tus actos ni en tus palabras.

Tus palabras, tan dolorosas,
revelaron las grietas que no podías aceptar,
mientras yo abrazaba las tuyas sin reservas.
Solo buscaba un refugio compartido,
pero en medio de la tormenta,
entendí que nunca caminamos hacia el mismo destino.

Fue entonces cuando entendí
que tu presencia era solo un eco pasajero,
un respiro en medio de tus tormentas,
un refugio que nunca quisiste compartir.

No te guardo rencor,
porque sé que siempre fuiste sincero.
Fui yo quien quise ver más de lo que había.
Siempre serás maravilloso ante mis ojos,
pero hoy entiendo que mi papel era otro:
el de quien admira desde la distancia.

Hoy elijo soltar lo que fui contigo,
y quedarme solo con lo que soy.
Y aunque tuve razón en extrañarte,
he aprendido que no se puede retener
lo que no desea quedarse.


Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo