«Una deslumbrante mezcla de historias que exploran lo que significa ser humano al tiempo que muestran la dotada imaginación y el gran sentido del humor de Atwood» NPR. Fuente: Tinta Club del Libro
En la segunda parte de Perdidas en el bosque, Margaret Atwood nos invita a recorrer una colección de relatos independientes que se mueven entre la ficción, la fantasía, la historia y sus propios matices autobiográficos. Todo está impregnado de un sutil humor y, en ocasiones, de una crítica social directa. A diferencia de la primera entrega, centrada en Tig y Nell, aquí no hay un hilo narrativo común: cada historia es un universo autónomo.
La sombra de la pandemia de COVID-19 se proyecta con mayor intensidad sobre estas páginas, impregnando cada trama. Atwood reafirma su inconfundible sello distópico: mundos ficticios que parecen haber perdido el rumbo, pero tan verosímiles que inquietan. No nos enfrenta a lo imposible, sino a versiones amplificadas de nuestro presente, donde la incertidumbre y la imposibilidad de conocer toda la verdad nos hacen pensar que estos escenarios podrían ser, en cualquier momento, nuestra realidad.
Si te interesa la primera parte, puedes leer mi reseña aquí.
Mi maléfica madre
Margaret Atwood construye una narración envolvente en primera persona, donde la fantasía se entrelaza con lo cotidiano para dar vida a una figura materna que combina lo mágico con lo doméstico. A través de un relato fantástico, explora con lucidez las tensiones entre madre e hija, y cómo estas se repiten a lo largo de las generaciones. Toda madre parece tener algo de hechicera silenciosa: es capaz de adivinar lo que piensa su hijo y anticiparse a lo que va a suceder, como si llevara dentro un poder antiguo e inexplicable.

La entrevista Post Morten
Margaret Atwood despliega un juego literario cargado de fantasía e ironía, donde a través de una médium, Madame Verity, sostiene un diálogo con el espíritu de George Orwell, a quien reconoce como una influencia fundamental en su obra. En esta conversación con quien “abandonó su envoltura cárnica”, Atwood introduce con maestría y originalidad al autor británico Eric Arthur Blair y a su célebre novela distópica 1984, junto con su protagonista, Winston Smith. Aunque no haya leído la obra de Orwell, el capítulo resulta fascinante, pero para quienes la conocen, debe ser una experiencia aún más rica y gratificante, llena de guiños, homenajes y una profunda reflexión. Imagen por Por Cassowary Colorizations – George Orwell, c. 1940, CC BY 2.0.

La impaciente Griselda
La impaciente Griselda presenta a una criatura del otro mundo —una especie de pulpo que me hizo recordar al que aparece en Los Simpson— enviada a la Tierra como parte de un programa de ayuda intergaláctica para planetas en crisis. Mientras relata la historia de dos hermanas humanas de apellido Griselda —la Paciente y la Impaciente—, el cuento se convierte en una crítica aguda a distintas formas de vida y estructuras sociales de nuestro planeta. Con ironía y una perspectiva completamente ajena a la humana, se abordan temas como el vegetarianismo, las diferencias de género, las desigualdades sociales y económicas, e incluso el uso del lenguaje.

Una dentadura espantosa
Scilla y Lynne —dos amigas de toda la vida— conversan mientras toman el té en un jardín, en el segundo verano del COVID. Entre recuerdos y observaciones, mencionan a Newman Small, un hombre con una dentadura espantosa, que aparentemente salió con una de ellas… aunque la otra no lo recuerda. El relato gira en torno a la amistad, la lealtad, la complicidad y todas las imperfecciones que pueden habitar una relación forjada a lo largo de los años.

Muerte a golpe de Concha
En este relato de Margaret Atwood, leemos en primera persona los pensamientos de un personaje histórico: Hipatia de Alejandría. La narración nos sitúa en sus últimos momentos de vida, durante el brutal linchamiento que terminó con su muerte. A través de su voz, Atwood nos ofrece una reflexión profunda sobre la muerte, el más allá, y cómo la historia y el arte han reinterpretado su figura a lo largo del tiempo. Hipatia reflexiona no solo sobre lo que está viviendo, sino también sobre las representaciones artísticas inspiradas en ella y el significado que su historia adquiere en el presente.

Pandemónium
En «Pandemónium», Atwood nos traslada a un futuro donde una enfermedad se transmite a través de cualquier contacto húmedo, incluso los besos. Quienes la contraen son enviados a un lugar llamado Pandemónium —palabra que significa caos total y que originalmente fue el nombre de la capital del Infierno en El Paraíso Perdido de John Milton (1667), literalmente “el lugar de todos los demonios” (pan = todos, daimon = demonios)—. Es un espacio apartado y controlado que, pese a su orden aparente, encierra un trasfondo inquietante. La narración, en tercera persona, se centra en la mirada de una de las matriarcas encargadas de concertar matrimonios entre jóvenes no contaminados, como si de alianzas estratégicas se tratara, en un mundo donde el contacto humano se ha convertido en un riesgo mortal.

La Metempsicosis o el viaje del alma
En este relato, narrado en primera persona por un caracol, Margaret Atwood nos sumerge en una historia atravesada por la metempsicosis, el antiguo concepto que significa literalmente “cambio de alma” (metá = cambio, psykhé = alma). Tras perder su plácida existencia al ser rociado con una sustancia desconocida, el alma del caracol es trasladada al cuerpo de una mujer. Este brusco viaje del alma provoca en él una profunda crisis y un intenso sufrimiento, al enfrentarse de pronto a las complejidades y angustias propias de la condición humana. Atwood condensa el núcleo del relato en una sola pregunta que el protagonista formula con crudeza: “¿Por qué hay que sufrir? He ahí el enigma fundamental. Y he ahí lo que conlleva ser humano, supongo: cuestionar las condiciones de la existencia.”

Mujeres en el aire. Un simposio
En «Mujeres en el aire», Atwood reúne a tres mujeres mayores, exitosas, cultas y amigas de toda la vida, en la casa de Chrissy, autora del libro que da nombre al relato. Entre charlas sobre la obra, anécdotas y confesiones sobre sus luchas personales, se insinúa que existe un motivo más profundo para el encuentro. Solo al final se revela esa verdadera razón… o quizá una simple excusa, enmarcada en una causa feminista.

Gracias por acompañarme en esta segunda parte. En las próximas semanas compartiré la tercera y última parte, que darán cierre a esta travesía literaria.
Te dejo por acá la primera parte:
Mientras tanto, te invito a seguir viajando entre páginas. Otras reseñas, justo aquí ✨
O, si prefieres explorar, te invito a visitar mi página: ¿Qué leer? Un libro para cada ocasión. ✨
Cada libro es un viaje distinto, gracias por acompañarme en este. 💫




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