Un coche se encuentra abandonado de noche. De repente, el vehículo está en llamas y, en la siguiente imagen, vemos en su interior a una mujer sentada al volante, sin inmutarse. A su lado descansa un libro en cuya portada leemos: Las cosas que perdimos en el fuego.
Con esta potente sucesión de imágenes empieza la adaptación, a cargo de Lucas Nine, de la célebre recopilación de cuentos homónima de Mariana Enriquez, publicada en 2016 por la editorial Anagrama. La obra original cuenta con 12 relatos enmarcados en el género del terror. Esta adaptación gráfica selecciona 4 relatos: “El chico sucio”, “Pablito clavó un clavito”, “El patio del vecino” y “Bajo el agua negra”.
Este libro llegó a mí como un regalo. Un regalo de una persona muy especial: la conozco desde que nació, y hoy, ella estudia literatura. Siempre he creído que los libros llegan por alguna razón, aunque a veces esa razón no es evidente de inmediato.
Es una edición de tapa dura que se construye como una historieta, donde cada página se siente oscura, difusa, casi incómoda. Las imágenes no buscan ser claras, sino transmitir una atmósfera: algo inquietante, fragmentado, macabro.

El libro se inscribe en el género del terror, donde Enríquez —también periodista— es ampliamente reconocida. Los relatos atraviesan historias de niños, mujeres y animales en contextos de abandono, violencia y una presencia constante de lo sobrenatural.
No me gusta leer terror. Y, sin embargo, lo que encontré aquí no fue miedo.
Los relatos no me sorprendieron. Y eso, paradójicamente, fue lo que más me sorprendió.
Porque más que ficción, sentí una claridad incómoda. Como si las historias no estuvieran tan lejos de ciertas realidades. Como si el límite entre lo imaginado y lo vivido fuera más delgado de lo que quisiera aceptar.
En un contexto donde la violencia es cotidiana, donde muchas historias reales superan cualquier intento de ficción, algo cambia en la forma en que una lee. Aparece una sensación incómoda: la de que nada impacta lo suficiente. La de leer y pensar, casi sin querer, “eso no es nada”.
Y eso fue lo que más me inquietó.
No el terror.
Sino la costumbre.
La posibilidad de haberse acostumbrado. La tristeza de haber leído y escuchado tantas historias que esta ya no me impactó.
Después de leer la adaptación gráfica de las cosas que perdimos en el fuego, volví a pensar en esta persona especial y en el motivo del regalo. Le pregunté por qué había pensado en mí al elegir este libro. Me dijo algo que no había considerado: que creía que yo conectaría con estas historias.
No tanto por el terror, sino por lo que hay detrás: esas realidades —especialmente las femeninas— que incomodan, que duelen, que existen incluso cuando nadie quiere mirarlas.
Dudó incluso de la versión que eligió. Me dijo que tal vez la colección completa habría sido mejor. Pero aun así, pensó en mí.
Recomendación
Por eso recomiendo este libro a quienes quieran acercarse a historias que no buscan asustar, sino incomodar. A quienes estén dispuestos a mirar de frente esas realidades que duelen… y que existen, aunque muchas veces se prefiera no verlas. O, tristemente, ya no sorprendan.
Ficha técnica
Título: Las cosas que perdimos en el fuego
Autora: Mariana Enríquez
Adaptación gráfica e ilustraciones: Lucas Nine
Editorial: Salamandra Graphic (Penguin Random House)
Año de esta edición: 2024
País: Argentina
Género: Terror, relatos, novela gráfica
Formato: Adaptación gráfica de relatos
Idioma: Español
Páginas: 104
Contenido: Adaptación de cuatro relatos de la obra original

Sobre los autores
Lucas Nine (Buenos Aires, 1975) es dibujante, ilustrador, historietista y director de cine de animación. Ha obtenido diversos premios por su trabajo como ilustrador, y sus animaciones han sido proyectadas en festivales de Argentina, Italia, España, Alemania y Francia. Fue guionista y director de uno de los segmentos del largometraje Ánima Buenos Aires (2012), premiado en varios festivales internacionales de animación

Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) es periodista y narradora. Entre sus obras destacan las novelas Bajar es lo peor y Nuestra parte de noche —por la que obtuvo el Premio Herralde de Novela y el Premio Celsius, entre otros reconocimientos—, así como las colecciones de relatos Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego. Esta última recibió el Premio Ciutat de Barcelona en 2017.

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