Llegaste a mi vida siendo luz.
Alguien que se quedaba, alguien con quien la conexión se sentía incluso a la distancia.
Sin buscarlo, una avalancha de sentimientos me desbordó: nació la ternura, el afecto, la necesidad de cuidado mutuo, el respeto, el valor… e, inevitablemente, el amor.

Pregunté varias veces, presentí lo que venía.
Me dijiste que estabas ilusionado, que probablemente también te enamorarías de mí, que estábamos construyendo algo.
Y entonces, todo cambió.

Como si amarte hubiera sido un punto de quiebre.
Como si, en el instante en que lo hice, algo te hubiera empujado a alejarte.
De responder casi de inmediato, pasaste a hacerlo cada vez menos.
De preguntar con interés, a guardar silencio.
Y de pronto entendí que estabas conmigo, pero no desde el mismo lugar. Seguías, pero ya no avanzábamos hacia lo mismo.

Pensé que era un momento.
Un ritmo distinto al mío.
Creí que tú ibas despacio y yo más rápido, y por eso seguí dándote amor, ternura y afecto, intentando acompasarme, dando vueltas a tu alrededor sin dejar de avanzar contigo.
Pero ahora entiendo que no era un ritmo lento: era un silencio.
Un silencio que, según tú, era una forma de no lastimar. Y te creo.
Pero a mí me cuesta vivir en silencios que no sé leer.

Llegó la verdad: no era falta de intención, sino un lugar emocional al que hoy no puedes llegar.
Tú mismo lo dijiste: no sabes si tu corazón podrá corresponderme, si podrás amar como quisieras, si podrás sentir algo parecido a lo que yo siento.

No era un ritmo lento ni una ilusión que necesitara tiempo; simplemente estamos en lugares emocionales distintos.
Y aun así, no me arrepiento de haberlo intentado.

Es triste escucharte decir que quieres un amor bonito y sincero, porque eso era exactamente lo que te estaba dando.
Y, aun así, no te quedaste.
Te quedas en lugares que te son familiares, incluso cuando te lastiman.
Y lo entiendo: todos repetimos lo que conocemos antes de atrevernos a soltarlo.

Me duele porque sé que no puedo hacer nada por ti.
Porque me encantaría que sintieras que mereces más, que eres especial, que no necesitas ser suficiente para nadie.
Solo quisiera que pudieras mirarte un momento con los mismos ojos con los que yo te he visto siempre:
valioso, único, profundo, incluso cuando no lo sientes así.

No tienes que cambiar nada para merecer cariño.
No tienes que esforzarte para encajar.
Ya eres especial, simplemente por ser tú.
Sé que lo sabes, pero también sé que no siempre te lo crees.
Yo estuve donde tú estás, y por eso reconozco ese dolor que uno no sabe nombrar.

Me habría encantado que pudieras verte como yo te veo, pero entiendo que este no es tu momento… ni nuestro.

Pero yo no puedo hacer lo mismo.
No puedo seguir esperando que decidas quedarte, porque duele.
Porque también merezco a alguien que lo intente, que suelte lo que le ata y quiera construir conmigo.

Te amo, y eso no va a cambiar pronto.
Pero sí cambia el lugar desde donde lo hago.
Antes te amaba desde la ilusión de un futuro compartido.
Ahora lo hago desde la distancia en la que tú estás,
no porque la hayas elegido, sino porque es el lugar donde hoy puedes estar.

Lo hago desde el respeto, la gratitud y la ternura que aún quedan, pero también desde la claridad de saber que no puedo quedarme donde no me miran igual.

Hoy me elijo a mí.
Y en ese acto, empiezo a sanar.

No es una despedida.
Solo cambio de lugar:
mi amor ya no espera,
pero mi cariño queda, quieto y sereno,
sin exigencias, mientras yo avanzo
y tú sigues tu propio proceso.


Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

2 responses to “Te amo, pero me amo más a mí.”

  1. Avatar de Llunàtica pel món
    Llunàtica pel món

    Que bonito!!

    1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura
      Mi Viaje a la Lectura

      ¡Gracias por escribirlo!

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo