He leído y escuchado varias veces el poema “La culpa es de uno” de Mario Benedetti, especialmente esa frase: “La culpa es de uno cuando no enamora”.
Han sido días difíciles. Muy difíciles.
Hay gotas de lluvia que no llegan a ser tormenta, pero tampoco se van. Se quedan. Y no dejan que el cielo se despeje.
Solo suspiro y pienso que no puede ser para siempre. Que algún día se sentirá diferente, o que empezaré a habitar este presente sin tanta resistencia.
Se mezclan los recuerdos, las imágenes, las voces, los sueños, las expectativas… y ya no sé qué es real.
Hay momentos en los que todo parece hablar al mismo tiempo, y otros donde solo existe vacío.
Camino por el día con esa sensación de estar en varios lugares, pero sin terminar de querer estar en ninguno. A veces, incluso en sueños, me pierdo; todo se mueve alrededor y yo solo sigo, avanzando sin tener claro el rumbo.
Siento el viento en contra, como si el aire también dudara de hacia dónde empujarme. Camino entre polvo, entre pasos que no terminan de asentarse.
Parece que, cuanto más me muevo, más polvo se levanta. Me repito muchas veces: este no es mi lugar.
Pero la respuesta no llega, solo regresa la misma pregunta: ¿cuál es tu lugar?
Y aun así, sigo.
No con certeza, sino con algo más frágil: la idea de que esto también pasará, aunque ahora no pueda verlo.
Y me sostengo en ese intento.
Si te apetece escuchar el poema de Mario Benedetti, puedes encontrarlo aquí. A veces hay palabras ajenas que llegan justo cuando todavía no sabemos cómo nombrar lo que sentimos.




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