Curazao es una pequeña isla del Caribe neerlandés famosa por sus casas de colores y su mezcla cultural. Hoy quiero contarles mi viaje a Curazao, una experiencia que comenzó incluso antes de llegar a la isla.

Me dijeron que no fuera intensa.

Y les hice caso.

Yo soy de las que averiguan todo antes de viajar. Requisitos, vacunas, documentos, consejos, planes A, B y C. No porque sea controladora —aunque quizá sí— sino porque así funciona mi cabeza. Así estoy tranquila.

Sabía que para entrar a Curazao desde mi país se necesitaba la vacuna contra la fiebre amarilla. Lo investigué. Se lo dije a las cuatro personas que viajaban conmigo.

El problema no fue la información. El problema fue que no fui por mi certificado de vacunación.

El certificado estaba en una casa que ya no era la mía, una casa que dejé hace años. Cuando lo mencioné, la respuesta fue unánime: no seas intensa. Eso nunca lo piden. En otros viajes no lo han pedido. Ellos llevaron el certificado. Yo no.

Esta vez sí lo pidieron.

Ellos subieron al avión. Yo me quedé abajo. Viajábamos con una sola maleta como equipaje de bodega, facturada a mi nombre, así que además se fueron sin mí… y sin maleta. Todo ocurrió rápido. Verlos irse, yo tratando de salir del aeropuerto, sin saber si llorar o reír. Al final me reí. A veces el absurdo es tan grande que no queda otra opción.

Perdí el vuelo. No por intensa. Por no serlo.

Recuperé el certificado. Para hacerlo, tuve que volver a un lugar que ya no sentía como mi hogar. Enfrentarme a lo que había evitado durante mucho tiempo. Entrar, recoger lo que necesitaba y entender, con claridad, que allí ya no pertenecía.

Volver al aeropuerto. Regresar sola a casa. Y, de nuevo, a las tres de la mañana, salir para tomar el vuelo del día siguiente.

Se logró el objetivo: llegué a Curazao.

Curazao es playa, calor y calma. Y aunque me gusta la playa, la habito a mi manera. Si alguna vez ven a alguien en pantalón largo, brazos cubiertos, cabeza protegida, gafas oscuras, debajo de una sombrilla y con un libro en la mano, probablemente sea yo.

De niña tuve pitiriasis alba y el sol me dejaba manchas blancas en la cara. Eso formó carácter. Nunca me sentí rara por cubrirme. De adulta, el sol me produce alergia, así que aprendí a estar en la playa sin parecerme a nadie más.

Curazao no me pidió que fuera distinta. Yo ya lo era.

A veces ser uno mismo es tan simple —y tan difícil— como hacerle caso a esa voz que te dice que exageras, que eres intensa.

Esta vez no fui yo. Y el avión se fue sin mí.

Curazao es un país en el mar Caribe, en la región norte de América del Sur, autónomo dentro del Reino de los Países Bajos. Sus habitantes tienen pasaporte neerlandés y la isla tiene una población acostumbrada a hablar varios idiomas, entre ellos neerlandés y papiamento, aunque también se escucha mucho inglés y español por su historia y su mezcla cultural.

Su capital es Willemstad, conocida por su arquitectura de colores y su centro histórico declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Con sus calles coloridas, sus playas abiertas y amaneceres lentos, ese fue mi recorrido por Curazao.


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4 respuestas a «Curazao a mi manera»

  1. Avatar de BDEB
    BDEB

    Preciosas imágenes Abril. A veces las cosas no salen como nos gustaría pero lo bueno es enderezarlas y disfrutar después.
    Un abrazo.

    1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura
      Mi Viaje a la Lectura

      Muchas gracias, Blanca. Me alegra que te hayan gustado las fotos; ese es otro de mis pasatiempos. Y tienes razón: lo importante es reajustar, seguir y disfrutar el camino. Un abrazo fuerte.

  2. Avatar de sandruski1
    sandruski1

    Precioso lugar y hermosas fotos! 💖

    1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura
      Mi Viaje a la Lectura

      ¡Gracias! Qué lindo que te hayan gustado 💖

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