Este libro de Melba Escobar no tiene un cierre; más bien cuenta, muestra, refleja. La mujer que hablaba sola deja un vacío, una incertidumbre silenciosa, como si fuera apenas una historia más dentro de tantas que siguen ocurriendo. En esta reseña comparto el eco que dejó en mí.

¿Qué hace una madre cuando el mundo señala a su hijo y ya no hay nadie a quien preguntarle la verdad?

No elegí este libro por su historia, sino por su autora. Después de leer Las huérfanas y escucharla hablar de esa novela, quise seguir explorando su obra. Tomé La mujer que hablaba sola sin saber nada sobre su argumento. A veces leer sin expectativas es la mejor manera de empezar.

La mujer que hablaba sola es una carta. Una carta muy larga. Cecilia Palacios le escribe a Rayo, su esposo fallecido, cuando se entera de que su hijo Pedro, aún menor de edad, ha sido señalado como responsable de la explosión de un petardo en un centro comercial de Bogotá. Desde esa conversación íntima reconstruye veinte años de recuerdos. Pero no son solo recuerdos: son intentos de explicación, culpas que pesan y preguntas que llegan cuando ya es demasiado tarde.

Es imposible no estremecerse. Más aún cuando descubres que la historia está basada en hechos reales, que muchos de los sucesos que se narran han ocurrido en Colombia y que no se trata de una ficción lejana, sino de una herida conocida.

No necesitas saber la historia de antemano. La autora la describe con tal detalle y sensibilidad que te sitúa allí sin forzarte. No hay afán por convencerte de nada. Solo te muestra.

La novela está construida como un largo monólogo confesional, con una voz íntima que avanza entre recuerdos fragmentados más que a través de una trama lineal.

Quienes me leen saben que hay dos géneros que suelo evitar: los románticos y los que se adentran en la política y la ideología. No porque el tema no me interese, sino porque son terrenos llenos de matices y, cuando una novela los aborda sin espacio para la duda o la complejidad, corre el riesgo de volverse más discurso que literatura.

En este libro se habla de política. Se habla de ideología. Se habla de radicalización, de injusticias, de versiones enfrentadas del país. Pero lo que encontré no fue un discurso. Fue una mirada. La autora observa, narra, expone. No impone. Y, sobre todo, habla desde la experiencia y el dolor: desde la historia de una madre que ve a su único hijo en serios problemas y trata de entender cómo llegó hasta allí.

Y tal vez por eso seguí leyendo.

Porque, más allá del contexto político, lo que realmente atraviesa la novela es el dolor de una madre que busca entender en qué momento algo se fracturó y cómo llegó hasta ese punto; que intenta hablar con el único que quizá habría podido comprenderla del todo.

Me quedé leyendo porque ella se siente sola. Porque le escribe a alguien que jamás le va a contestar, a un hombre que ya no está. En esa carta interminable me vi reflejada: escribir también puede ser una forma de compañía. Hay palabras que no esperan respuesta, pero aun así necesitan ser dichas. Mientras la leía, pensé en lo extraño que es dirigirse a alguien que ya no puede —o no quiere— escuchar. Y, sin embargo, hacerlo. Tal vez por eso seguí pasando las páginas. Porque a veces no escribimos para que nos respondan. Escribimos para no quedarnos completamente solos con lo que sentimos.

No esperes un desenlace definitivo. Esta es una historia que no avanza hacia una respuesta, sino hacia un origen. Tal vez el final esté casi dos décadas atrás, en ese instante mínimo —ese clic— donde algo se rompe y nada vuelve a ser igual.

Recomiendo este libro a quienes alguna vez se han sentido solos. A quienes escriben para no perderse, para entender un poco mejor el mundo y su propia historia. A quienes han intentado comprender a sus hijos, o a sus padres, y han descubierto que el amor no siempre basta para evitar la distancia. Porque, aunque esta es la carta de una mujer a su esposo fallecido, en el fondo es la historia de una madre intentando entender a su hijo. Y en esa búsqueda hay algo profundamente humano que nos toca a todos.

Si quieres conocer más sobre cómo Melba Escobar pensó y construyó La mujer que hablaba sola, puedes leer esta entrevista en El Tiempo: aquí.

📚 Ficha técnica

Título: La mujer que hablaba sola
Autora: Melba Escobar
Editorial: Seix Barral
Género: Novela literaria
Fecha de publicación: 22 de marzo de 2019
Páginas: 248
Idioma: Español
País de publicación: Colombia

Sobre la autora

Melba Escobar (Cali, 1976) es escritora y periodista colombiana. Ha alternado la narrativa con el periodismo cultural y es autora de novelas como Bogotá Sueña, Johnny y el mar, La casa de la belleza y La mujer que hablaba sola, y Las huérfanas

Si te interesa conocer más sobre la obra de Melba Escobar, también puedes leer mi reseña de Las huérfanas en mi blog:¿Existe la madre perfecta? Una lectura de Las huérfanas, de Melba Escobar

Gracias por acompañarme en este pequeño tramo de lectura. Ojalá sigamos descubriendo historias juntos en Mi viaje a la lectura.

Y tal vez aquí encuentres tu próxima lectura…

Despliega y acompáñame en estas últimas lecturas

Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde Mi viaje a la lectura / My Journey into Reading

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo