El encuentro con una literatura diferente

Cuando pensamos en literatura antigua solemos imaginar libros muy viejos, textos difíciles o historias que solo interesan a los historiadores. Pero en el antiguo Egipto la literatura era algo mucho más profundo: palabras grabadas en piedra, escritas en papiros o pintadas en las paredes de las tumbas. Los jeroglíficos no eran solo una forma de escribir; eran una manera de dialogar con los dioses, de preparar el viaje después de la muerte y, también, de contar historias. Leer hoy esos textos es, en cierto modo, escuchar la voz de una civilización que vivió hace miles de años y que, sin saberlo, todavía sigue hablándonos.

Cuando escribir era algo sagrado

Egipto tenía una forma de escritura muy diferente a la nuestra. No representaba las palabras mediante letras o signos fonéticos como nuestro alfabeto, sino su significado a través de figuras y símbolos llamados jeroglíficos egipcios.

Durante siglos, nadie pudo leerlos. Con el paso del tiempo se convirtieron en simples dibujos que aparecían en templos, tumbas y monumentos, pero cuyo significado se había perdido. Todo cambió en 1799, cuando un grupo de soldados franceses encontró una piedra que transformaría la forma de entender el antiguo Egipto: la Piedra de Rosetta.

Se trata de una estela —una piedra con inscripciones— que contiene un decreto del faraón Ptolomeo V. El texto aparece escrito en tres sistemas diferentes: jeroglíficos, utilizados en contextos religiosos y ceremoniales; demótico, una escritura cursiva egipcia de uso cotidiano cuyo nombre significa “lengua del pueblo”; y griego antiguo, la lengua de los gobernantes greco-macedonios que dominaron Egipto después de la conquista de Alejandro Magno.

Gracias a que el mismo decreto estaba escrito en griego, los estudiosos pudieron compararlo con las otras escrituras. Con el tiempo, esto permitió descifrar los jeroglíficos y abrir la puerta a una historia milenaria que había permanecido en silencio.

La piedra original se conserva hoy en el British Museum, un lugar que aún no he tenido la oportunidad de visitar. Sin embargo, existen varias réplicas en distintos museos del mundo. La fotografía que acompaña esta entrada pertenece a una réplica que se encuentra en el Houston Museum of Natural Science, en Estados Unidos, la cual tuve la oportunidad de ver. Y aunque sea solo una copia, estar frente a ella da la sensación de estar muy cerca de una historia que cambió nuestra forma de leer el pasado.

Réplica de la Piedra de Rosetta en el Houston Museum of Natural Science.

Literatura para el viaje después de la muerte

Para los antiguos Egipto, la muerte no era el final, sino el comienzo de otro viaje. Y para ese viaje también existía literatura.

Muchos de los textos que hoy conocemos no fueron escritos para ser leídos en voz alta ni para entretener a un público. Fueron creados para acompañar a los muertos. Se escribían en papiros, en sarcófagos o en las paredes de las tumbas, con la esperanza de que las palabras pudieran guiar al difunto en su camino por el más allá.

Uno de los ejemplos más conocidos es el Libro de los muertos, una colección de oraciones, fórmulas y hechizos que ayudaban al alma a atravesar las distintas pruebas del mundo después de la muerte. No era un libro único ni igual para todos: cada copia podía variar, y algunas personas elegían solo los textos que consideraban más importantes para su propio viaje.

Entre esas páginas aparecen imágenes y escenas fascinantes, como el juicio del corazón, en el que el corazón del difunto era pesado frente a la pluma de la diosa Maat, símbolo de la verdad y la justicia. Si el corazón era más pesado que la pluma, significaba que la persona había vivido con faltas; si pesaba lo mismo, podía continuar su camino hacia la vida eterna.

El Juicio de Osiris representado en el Papiro de Hunefer (ca. 1275 a. C.).  Libro de los muertos

Hoy estos textos pueden parecer extraños o incluso misteriosos, pero también revelan algo muy humano: desde hace miles de años, las personas han intentado entender qué ocurre después de la muerte y han buscado palabras que les ayuden a imaginar ese camino.

Pero también había historias

Aunque muchos textos estaban ligados a la religión, la literatura del antiguo Egipto no se limitaba a los templos y las tumbas. También existían relatos que contaban experiencias humanas: viajes, miedos, decisiones y regresos.

Uno de los más conocidos es la Historia de Sinuhé, escrita hace casi cuatro mil años. Ha sido descrita por National Geographic como el “best seller” del antiguo Egipto. Narra la vida de un hombre que huye de su tierra, vive durante años en tierras extranjeras y que, con el paso del tiempo, siente el deseo profundo de regresar a su hogar.

Resulta sorprendente descubrir que en textos tan antiguos ya se hablaba de algo que sigue siendo profundamente humano: la pertenencia, el hogar y la experiencia de migrar.

Cuando el antiguo Egipto llega al cine

Aunque estos textos fueron escritos hace miles de años, muchas de sus ideas siguen siendo familiares para nosotros. En parte porque el antiguo Egipto ha inspirado numerosas películas.

Quizás uno de los ejemplos más populares sea La momia, estrenada en 1999, una película que muchos recuerdan por sus aventuras, templos ocultos y antiguos rituales. Aunque se trata de una historia de ficción, toma elementos reales de la cultura egipcia, como los jeroglíficos, las tumbas y la idea de textos sagrados vinculados con la vida después de la muerte.

Algo parecido ocurre con The Egyptian, una película basada en la novela histórica Sinuhé el egipcio. Esta obra se inspira en el antiguo relato de la Historia de Sinuhé, uno de los textos narrativos más conocidos de la literatura egipcia.

Tal vez por eso, incluso sin haber estudiado literatura antigua, muchas personas sienten que el antiguo Egipto les resulta familiar. Sus templos, sus símbolos y sus historias han viajado desde los papiros y las piedras de hace miles de años hasta las pantallas del cine.

Escena película La momia y el libro de los muertos

Escena de la película The Mummy (1999), donde aparece el llamado “Libro de los Muertos”, inspirado en antiguos textos funerarios egipcios.

La literatura del antiguo Egipto sigue despertando curiosidad. Sus palabras, escritas en piedra y papiros, aún expresan un deseo humano: comprender la vida, la muerte y nuestro lugar en el mundo. Leer hoy esos textos es, abrir una pequeña ventana al pasado y descubrir que, a pesar del tiempo, las preguntas que nos hacemos siguen siendo las mismas.

Este texto hace parte de la serie Mi viaje a la literatura universal. Si te interesa seguir explorando otras épocas, historias y tradiciones literarias, te invito a recorrer las demás entradas del blog.


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