Mitos y leyendas de Colombia

Hay una leyenda en el Tolima que parece haberse confundido con el paso de los años: El Fraile.

Depende de a quién le preguntes, la historia cambia.

¿Será que ocurrió algo tan extraño que nadie logró entenderlo por completo? ¿Será que cada pueblo tuvo su propio Fraile? ¿O simplemente el voz a voz funcionó durante generaciones como un enorme teléfono roto?

Lo cierto es que casi todas las versiones coinciden en algo: por los caminos del Tolima todavía vaga un religioso al que le falta una parte bastante importante de su anatomía.

La cabeza.

¿Cuántos Frailes sin cabeza recorren el Tolima?

Una de las historias habla de un fraile aficionado al juego. Al parecer, su gusto por las apuestas era tan grande que terminó perdiendo incluso el hábito. Lo que ocurrió después no está tan claro, pero de aquel religioso quedó un espanto que todavía recorre los caminos.

En otra zona del Tolima cuentan una historia mucho más oscura.

Dicen que el Fraile vivió en Purificación durante la época colonial y que, aunque era un hombre de la Iglesia, permitió o toleró atrocidades contra las poblaciones indígenas. Por eso habría quedado condenado a vagar sin encontrar descanso.

Algunos aseguran que recorre las orillas del río Magdalena.

Otros dicen haberlo visto mucho más al norte, cerca del Parque Centenario de Ibagué.

Y en Ibagué existe todavía otra historia: la de un religioso que se enamoró de una monja y terminó decapitado cuando descubrieron su relación.

A estas alturas comienzo a preguntarme si realmente estamos hablando del mismo Fraile.

Tal vez fueron dos.

O tres.

Quizás hubo varios religiosos que cayeron en desgracia por razones completamente diferentes y la tradición oral terminó reuniéndolos bajo una misma imagen.

Porque quienes aseguran haberlo visto sí parecen ponerse de acuerdo en su apariencia.

Lleva un hábito largo que casi parece flotar sobre el suelo. De sus mangas sobresalen unas manos huesudas y entre ellas sostiene una gran camándula, un rosario de madera.

Si intentas verle el rostro, encontrarás el detalle que da sentido a su nombre.

No existe.

El Fraile no tiene cabeza.

Tal vez nunca sepamos cuál de todas estas historias fue la primera. Quizás tampoco importe demasiado.

Después de pasar de una voz a otra durante generaciones, el Fraile parece haber terminado convertido en muchos frailes a la vez: religiosos con culpas diferentes, historias diferentes y un mismo destino.

Vagar por los caminos sin haber encontrado todavía la paz.

Y quién sabe.

Quizás, después de todo, perder la cabeza no sea una sola historia sino varias.

Y tú, ¿conoces alguna leyenda de un religioso, un monje o un fraile que todavía aparezca por los caminos de tu tierra?

Para seguir este viaje

Esta historia hace parte de Mi viaje a los mitos y leyendas de Colombia. En esta etapa dedicada a las apariciones en los caminos, ya nos hemos encontrado con El Sombrerón, que persigue a quienes deberían haber regresado temprano a casa; La Candileja, una abuela demasiado consentidora convertida en tres llamas; y El Guando, el extraño cortejo fúnebre que todavía recorre los caminos buscando quién le ayude a cargar su peso.

Ahora dejamos al Fraile sin cabeza vagando entre las diferentes versiones de su historia y nos adentramos en una parte todavía más oscura de la tradición oral colombiana.

El próximo personaje será El Mandingas.


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