

Ten cuidado.
Si la noche se ha hecho demasiado larga, si has bebido más de la cuenta, si vienes de apostar o de perder el tiempo cuando ya deberías estar en casa, escucha bien.
Primero se oye el galope.
Lejano.
Después, el frío.
No importa si antes hacía calor. El aire cambia de repente y algo en el camino parece quedarse inmóvil.
Entonces lo ves.
Un caballo negro avanza entre la oscuridad. Sobre él cabalga un hombre vestido del mismo color. No podrás verle el rostro. Un sombrero enorme lo cubre casi por completo.
Detrás vienen dos perros negros.
También ellos parecen formar parte de la noche.
Las cadenas que los sujetan golpean el suelo mientras avanzan.
Y si ya escuchaste el galope, lo siento.
Es demasiado tarde.
El Sombrerón ya sabe que estás allí.
No necesita tocarte. No necesita atraparte.
Le basta con seguirte.
Con hacerte correr.
Con conseguir que, mientras buscas desesperadamente el camino de regreso, recuerdes una sola cosa:
a esas horas, quizá nunca debiste estar fuera de casa.
Leyenda del Sombrerón
El Sombrerón aparece en diferentes regiones de Colombia y, como ocurre con muchas historias de la tradición oral, no existe una única versión. Una de las más conocidas lo describe como un hombre vestido de negro, montado sobre un caballo del mismo color y acompañado por dos grandes perros sujetos con cadenas.
Sale durante la noche y persigue especialmente a borrachos, jugadores, peleadores y trasnochadores. No necesita hacerles daño: los sigue, los asusta y convierte el camino de regreso en una experiencia que difícilmente olvidarán.
Tal vez esa fuera precisamente su función.
En una época de caminos oscuros, largas distancias y pocos medios para pedir ayuda, regresar tarde a casa podía ser realmente peligroso. Quizás el Sombrerón era una forma mucho más efectiva de decir: no bebas demasiado, no apuestes hasta la madrugada, no busques peleas y no te quedes recorriendo caminos solitarios durante la noche.
A veces las leyendas no necesitaban que creyéramos completamente en ellas.
Bastaba con que dudáramos lo suficiente como para regresar temprano a casa.
Para seguir este viaje
Con el Sombrerón comienza Apariciones en los caminos, la segunda parte de Mi viaje a los mitos y leyendas de Colombia. Antes recorrimos ríos y bosques junto a El Mohán, La Madremonte, La Patasola y El Hombre Caimán.
Ahora dejamos atrás los ríos y los bosques. Los próximos relatos nos encontrarán en los caminos, cuando cae la noche y no siempre es fácil saber qué se esconde en la oscuridad.
Y tú, ¿conoces en tu tierra alguna historia que se utilizara para conseguir que la gente regresara temprano a casa?




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