La Epopeya de Gilgamesh es considerada el registro literario más antiguo de la humanidad.
En mi viaje por la literatura, mi primera parada fue Grecia y su clásico inmortal: La Odisea. Desde allí surgió una pregunta inevitable: ¿qué pasaba con la literatura antigua en Hispanoamérica? La respuesta me llevó a descubrir una tradición profundamente distinta, una literatura sin alfabeto. Me encontré con los códices mayas y los quipus incas, formas de registro y transmisión del conocimiento que no dependían de la escritura tal como la entendemos hoy, pero que guardaban historia, memoria y relato.
Entonces apareció una nueva inquietud: ¿cuál es el registro literario más antiguo que existe? La búsqueda me llevó aún más atrás en el tiempo, hasta la Epopeya de Gilgamesh. Los antiguos escribas la grabaron en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme y las secaron al sol; así nació el registro más antiguo de una narración épica que aún conservamos.

La literatura no nace con el alfabeto ni con el papel, sino con la necesidad humana de contar y de dejar memoria. Antes de saber escribir, el ser humano ya narraba: su origen, sus miedos, sus dioses, sus pérdidas. La literatura antigua no es primitiva; es esencial. Cambian las formas, pero la urgencia de narrar permanece intacta.
Al mirar más de cerca estos relatos antiguos, resulta imposible no notar que, aunque separados por siglos y continentes, todos parecen hablar de lo mismo.La Odisea es un viaje de regreso; Gilgamesh, una búsqueda desesperada por comprender la muerte; los relatos mesoamericanos y andinos intentan explicar el origen del mundo y el lugar del ser humano en él. Todos narran el miedo a lo desconocido, la relación con lo divino, la amistad, la pérdida y el deseo de trascender. Tal vez por eso estas historias siguen vivas: porque, en el fondo, seguimos haciéndonos las mismas preguntas.
La Epopeya de Gilgamesh surge en Mesopotamia, considerada la cuna de la escritura. Allí, hacia finales del cuarto milenio antes de Cristo, apareció la escritura cuneiforme, uno de los primeros sistemas de escritura del mundo. Se realizaba presionando una cuña sobre tablillas de arcilla húmeda, que luego se secaban o cocían para su conservación. Estas tablillas no solo registraban transacciones o leyes, sino también mitos, oraciones y relatos. Los textos que dieron origen a Gilgamesh fueron compuestos a partir de una tradición oral que, siglos después, quedó fijada por escrito.
La epopeya no llegó hasta nosotros como una obra completa y ordenada. Fue reconstruida a partir de fragmentos de tablillas de arcilla halladas en distintas excavaciones arqueológicas, especialmente en la biblioteca del rey Asurbanipal, en Nínive. Estas tablillas, escritas en diferentes épocas y lenguas, contenían versiones parciales del relato. Gracias al trabajo paciente de arqueólogos y filólogos, fue posible comparar los fragmentos, identificar repeticiones y establecer una estructura narrativa coherente. El texto que hoy leemos es, en realidad, una reconstrucción moderna de una historia antigua, armada a partir de restos, silencios y ausencias.
La Epopeya de Gilgamesh narra la historia de un rey poderoso que gobierna la ciudad de Uruk. Al comienzo, Gilgamesh es un personaje fuerte pero tiránico, hasta que los dioses crean a Enkidu, un ser salvaje que llega para equilibrarlo. De su encuentro nace una profunda amistad que transforma a ambos. Tras la muerte de Enkidu, Gilgamesh se enfrenta por primera vez a su propia mortalidad e inicia una búsqueda desesperada por la inmortalidad. En ese viaje, más que vencer a la muerte, descubre la imposibilidad de escapar a ella y la necesidad de encontrar sentido en una vida finita.

Parece que, más de cuatro mil años después, aún no hemos encontrado una respuesta definitiva a la muerte y seguimos buscando sentido a nuestra existencia. Tal vez por eso estas historias continúan hablándonos: porque la literatura nació para acompañarnos en esa búsqueda.
Gracias por acompañarme en este viaje por la literatura. En la próxima entrada quiero enfocarme en la escritura antigua en Oriente, una tradición que presenta profundas diferencias frente a la escritura de Occidente y que ofrece otra manera de entender el mundo, el lenguaje y la memoria.
Esta lectura forma parte de mi proyecto Mi viaje por la literatura universal, un recorrido personal por distintas épocas y tradiciones literarias.




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