Descubriendo los códices mayas: escritura, historia y legado
En América, antes de la llegada de los españoles, existieron civilizaciones enteras con grandes avances en áreas como la ciencia, las matemáticas, la astronomía y la literatura. También existían libros, aunque no escritos con un alfabeto como el que utilizamos actualmente. En su lugar, se desarrollaron sistemas de escritura jeroglífica complejos que incluían narración, registro histórico y un profundo pensamiento simbólico y literario.
Los códices mayas son uno de los mayores logros de las civilizaciones prehispánicas. Junto con las inscripciones en piedra, revelan un sistema de escritura plenamente desarrollado antes de la llegada europea. Eran libros plegados como acordeones, hechos con papel de corteza —como el amate— y cubiertos con una fina capa de estuco que permitía escribir y pintar sobre su superficie.

Se trataba de volúmenes cuidadosamente pintados y escritos mediante una compleja escritura glífica que combinaba símbolos fonéticos, palabras completas y conceptos abstractos. Este sistema fue uno de los más sofisticados desarrollados en Mesoamérica y el que mantuvo una relación más estrecha con la lengua hablada de los pueblos mayas.
Cuando la expedición de Hernán Cortés llegó a la isla de Cozumel, en el actual México, en 1519, los españoles quedaron atónitos. Encontraron innumerables libros entre los mayas, llenos de colores y signos desconocidos, algo que no habían visto en las islas del Caribe. Los cronistas contaron que aquellos libros, dedicados al calendario, la mitología y los rituales, los sorprendieron por su complejidad y revelaron una tradición intelectual profunda.
Muchos libros mayas fueron destruidos por los españoles, quienes los consideraban obras de “idolatría”. De aquella vasta tradición escrita solo nos quedan hoy cuatro códices supervivientes —junto con las inscripciones monumentales— como testimonio de un sistema de escritura complejo, funcional y profundamente significativo en la historia de las culturas mesoamericanas.

Cuando comencé a revisar los orígenes de la literatura, miré hacia Grecia. Allí nacieron la escritura y la épica tal como las conocemos en Occidente. Sin embargo, al otro lado del mundo, sin contacto alguno con esas civilizaciones, los mayas desarrollaron su propio sistema de escritura y sus propios libros.
Los códices mayas son testimonio de que la necesidad de narrar, recordar y comprender el mundo no fue exclusiva de una cultura, sino una constante humana.
Chichén Itzá
Todo este conocimiento —astronómico, simbólico y narrativo— no existía únicamente en los códices. Habitaba también los espacios ceremoniales, las ciudades y los centros rituales mayas. Chichén Itzá, en la península de Yucatán, en el actual México, fue uno de esos lugares donde el tiempo, el cielo y la palabra se entrelazaban. Allí, la escritura no estaba solo en los libros, sino también en la piedra, en la orientación de los templos y en la relación precisa entre arquitectura y astronomía.




Esta lectura forma parte de mi proyecto Mi viaje por la literatura universal, un recorrido personal por distintas épocas y tradiciones literarias.
Gracias por acompañarme en este pequeño tramo de lectura. Ojalá sigamos descubriendo historias juntos en Mi viaje a la lectura.
Y tal vez aquí encuentres tu próxima lectura…
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