El primer café del día es la tercera entrega de la serie Antes de que se enfríe el café. En esta ocasión cambia el escenario: dejamos la cafetería Funikuri Funikura de Tokio y viajamos a Hakodate, donde se encuentra Donna Donna, otra cafetería desde la que también es posible viajar al pasado o al futuro. Nagare y Kazu llegan allí para hacerse cargo temporalmente del lugar tras la ausencia de Yukari, la madre de Nagare y dueña de la cafetería. Las razones de su partida y algunos aspectos de su historia se van revelando poco a poco.
El cambio de escenario trae consigo bastantes personajes nuevos. Al principio me costó volver a ubicarme dentro de la historia, especialmente porque estaba escuchando el libro en formato audiolibro y debía recordar varios nombres japoneses. Sin embargo, una vez comprendí quién era cada personaje y qué relación tenía con la cafetería, pude seguir las historias con mayor facilidad.
Como en los libros anteriores, encontramos cuatro relatos. En esta ocasión todos están marcados, de una u otra manera, por la pérdida de un ser querido: unos personajes desean regresar al pasado para comprender lo ocurrido, otros necesitan despedirse, pedir perdón o encontrar una razón para continuar con sus vidas. Yayoi, Todoroki, Reiko y Reiji se acercan a la posibilidad de viajar en el tiempo desde experiencias diferentes, pero todos buscan reconciliarse con aquello que ya no pueden cambiar.
Yukari, una presencia desde la distancia
Aunque Yukari no aparece directamente en las escenas, su presencia se mantiene durante todo el libro. Conocemos parte de su historia a través de las postales que envía, de los recuerdos de los demás personajes y de las preguntas que va dejando a su paso.
Su ausencia es la razón por la que Nagare y Kazu se trasladan a Hakodate, pero también se convierte en uno de los misterios que recorren la novela. Poco a poco entendemos qué está buscando y por qué decidió emprender ese viaje.
De esta manera, Yukari consigue unir las distintas historias sin estar físicamente presente. Es una figura que parece recordarles a los demás que el tiempo es limitado y que, en ocasiones, debemos detenernos a pensar qué estamos haciendo con nuestra vida.
La felicidad después de la pérdida
Para mí, la principal reflexión de este libro es que, aunque las personas que queremos ya no estén, la felicidad no tiene que desaparecer con ellas.
Quienes nos amaron también deseaban que fuéramos felices. Continuar viviendo, volver a sonreír o encontrar nuevos motivos para disfrutar no significa olvidarlos ni dejar de sentir su ausencia. Significa permitir que el amor y la tristeza convivan con la posibilidad de seguir adelante.
Las personas que perdimos permanecen en nuestros recuerdos y en aquello que dejaron en nosotros. Por eso, tal vez no sería justo obligarlas a vivir para siempre dentro de un corazón que ha renunciado a ser feliz precisamente por su ausencia.
Esta idea me pareció especialmente hermosa. El libro no niega el dolor ni pretende que la tristeza desaparezca de inmediato. Lo que propone es que la muerte de alguien no debería convertirse en una condena permanente para quienes continúan viviendo. La felicidad puede regresar sin borrar el amor ni los recuerdos.
¿Qué pasaría si el mundo se acabara mañana?
Otro de los hilos que recorre la novela es un libro titulado ¿Qué pasaría si el mundo se acabara mañana? Cien preguntas. Sus preguntas presentan situaciones extremas y obligan a los personajes a decidir qué harían si supieran que apenas les queda un día de vida.
Tal vez pensar que no disponemos de todo el tiempo que imaginamos nos ayuda a reconocer qué es verdaderamente importante. ¿Qué palabras dejaríamos de callar? ¿A quién buscaríamos? ¿Qué decisión tomaríamos? ¿Qué dejaría inmediatamente de preocuparnos?
Sin embargo, quizá la pregunta más importante no sea qué haríamos si el mundo se acabara mañana, sino por qué seguimos aplazando esas decisiones cuando creemos que todavía tenemos tiempo.
Mi impresión sobre el audiolibro
Desde hace algo más de un mes, los audiolibros de esta serie me acompañan en mis trayectos de casa al trabajo y de regreso. Con lo complicado que puede ser el tráfico en mi ciudad, necesito historias sencillas y tranquilas, que me permitan concentrarme en conducir sin perder fácilmente el hilo de la narración.
En ese sentido, los libros de Toshikazu Kawaguchi han resultado una buena compañía. Sus historias son fáciles de seguir, avanzan sin demasiados sobresaltos y, aunque parten de una situación fantástica, se concentran principalmente en las emociones y en las relaciones humanas.
El cambio de ubicación y la aparición de tantos personajes hicieron que el comienzo me resultara menos fácil de seguir que el de los libros anteriores. Esto se hizo más evidente en el formato de audiolibro, porque no podía regresar rápidamente a las páginas para consultar los nombres y las relaciones entre los personajes.
No es una historia construida alrededor de grandes giros o acontecimientos inesperados. Su fuerza está en las conversaciones, en las despedidas y en las pequeñas reflexiones que deja cada viaje.
Precisamente por eso ha funcionado bien para acompañarme mientras conduzco. No necesito estar pendiente de una trama compleja ni de demasiados detalles, pero puedo encontrar en cada historia una idea que permanece conmigo después de terminar el trayecto.
Esta entrega contiene una de las reflexiones más hermosas de la serie: las personas que amamos pueden seguir viviendo dentro de nosotros sin llevarse para siempre nuestra posibilidad de ser felices.
¿A quién recomiendo El primer café del día?
Recomiendo este libro especialmente a quienes hayan sufrido la pérdida de un ser querido y estén atravesando un duelo. Tal vez una historia no pueda cambiar lo que sentimos ni disminuir la ausencia, pero sí puede ofrecernos otra mirada, mostrarnos una manera diferente de convivir con el dolor y recordarnos que volver a ser felices no significa olvidar.
También lo recomiendo a quienes disfrutan de narraciones tranquilas, emotivas y sencillas, centradas en las relaciones humanas y en las reflexiones que dejan los pequeños momentos de la vida.
Ficha técnica
Título: El primer café del día
Título original: Omoide ga kienai uchi ni
Autor: Toshikazu Kawaguchi
Serie: Antes de que se enfríe el café, 3
Publicación original: 2018
Editorial: Plaza & Janés
Traducción: Guadalupe Herce Gil
Número de páginas: 315 libro electrónico
Formato consultado: audiolibro
Narración: Alejandro Graue
Duración: 6 horas 31 min
Goodreads: Ver El primer café del día en Goodreads

Acerca del autor
Toshikazu Kawaguchi nació en Osaka, Japón, en 1971. Antes de dedicarse a la narrativa, trabajó como productor, director y escritor para el grupo teatral Sonic Snail. Antes de que se enfríe el café, su primera novela, surgió originalmente como una obra de teatro que obtuvo el gran premio del Festival de Teatro de Suginami. El éxito de aquella historia dio origen a una serie de novelas centradas en el paso del tiempo, los recuerdos, la pérdida y las relaciones humanas.

Otras reseñas de la serie
Si quieres comenzar este viaje literario desde el principio, también puedes leer mis reseñas de Antes de que se enfríe el café y La felicidad cabe en una taza de café.



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